Emisiones en la OCDE marcarán 29 billones de dólares en 2026
Los mercados globales de deuda han resistido años de sobresaltos, pero la OCDE advierte de que el próximo tramo de presión puede ser más exigente. En su informe de deuda global publicado este miércoles, el organismo estima que las emisiones de deuda soberana y corporativa alcanzarán un máximo histórico de 29 billones de dólares en los países de la OCDE, un 17% más que en 2024. La cifra concentra una combinación de factores que, según el diagnóstico, amenaza con elevar la vulnerabilidad del sistema: mayores necesidades de gasto público, financiación más cara y un ciclo inversor ligado a la inteligencia artificial que puede alterar el comportamiento de los mercados.
El secretario general de la OCDE, Mathias Cormann, resumió el mensaje en la presentación del documento al señalar que la resiliencia se ha mantenido pese a niveles históricos de endeudamiento, pero que el coste de servir la deuda está creciendo y que la financiación asociada a la IA está aumentando con fuerza. La institución enmarca el informe como una advertencia sobre el equilibrio entre capacidad de absorción de shocks y acumulación de compromisos que no muestran señales de frenazo.
Más gasto público, refinanciación y tipos más altos estrechan márgenes
La OCDE sitúa el incremento de emisiones en el contexto de presiones estructurales sobre las cuentas públicas, como el gasto en defensa y el envejecimiento. En paralelo, el coste de financiación se ha encarecido. El gasto en intereses se ubica en el 3,3% del PIB, cerca del máximo de la última década, situado en 3,4%. El organismo subraya que este encarecimiento llega en un momento en el que el margen que ofrecía la inflación como amortiguador es menor y en el que la refinanciación se convierte en motor principal del aumento de las necesidades.
En ese marco, la deuda pública del bloque se elevará del 83% al 85% del PIB este año, el nivel más alto desde los picos de 2021 vinculados a la emergencia sanitaria. La OCDE estima emisiones soberanas récord de 18 billones. En el ámbito corporativo, el informe recuerda que las emisiones alcanzaron el año pasado su nivel más elevado, con 13,7 billones de dólares, y que la deuda en circulación se situó en 59,5 billones, con perspectiva de crecimiento adicional asociada al auge inversor de la IA.
La base inversora cambia y aumenta la sensibilidad a los precios
El informe destaca un cambio relevante en quién sostiene el mercado. Aunque los bancos centrales siguen siendo actores importantes, su participación se reduce tanto en deuda soberana como corporativa. Ese espacio lo ocupan cada vez más otros agentes capaces de aportar liquidez, como los fondos de inversión, pero que también son descritos como más sensibles a variaciones de precio.
Para la OCDE, ese giro puede aumentar la vulnerabilidad frente a shocks y elevar el riesgo de volatilidad. Con una estructura de tenedores menos estable, movimientos bruscos en inflación, crecimiento o geopolítica podrían traducirse con mayor rapidez en ventas y ajustes de valoración, incluso en segmentos donde en el pasado el comportamiento había sido más contenido.
La IA aparece como un factor nuevo con potencial desestabilizador
La OCDE dedica un apartado específico a la financiación de la inteligencia artificial, al considerar que su escala puede alterar la dinámica de los mercados corporativos. Según el informe, las nueve mayores compañías tecnológicas, en su mayoría estadounidenses, captaron en conjunto 122.000 millones de dólares en los mercados de bonos el año pasado, una cantidad equivalente a casi la mitad de toda la deuda emitida por empresas tecnológicas a nivel mundial.
El organismo proyecta que esas nueve compañías necesitarán 4,1 billones de dólares de inversión hasta 2030, un volumen que supera en más de un tercio el gasto total en capital de todas las empresas no financieras de Estados Unidos en 2025. La OCDE plantea que, incluso si solo financiaran la mitad de esas necesidades mediante deuda, podrían concentrar alrededor del 15% del promedio histórico de emisiones corporativas globales cada año.
Ese peso podría convertir a las grandes tecnológicas en actores dominantes del mercado de bonos y acercar ciertos rasgos del mercado de deuda a dinámicas más propias de la renta variable. El informe alerta sobre la incertidumbre relacionada con la vida útil de los centros de datos, pieza clave de la infraestructura de IA, y sobre la naturaleza de su valor como garantía, lo que sugiere una convergencia entre los riesgos financiados por acciones y por deuda.
Geopolítica, inflación y disciplina fiscal en el centro del debate
La OCDE incorpora también el riesgo de un entorno geopolítico y comercial más tenso que pueda profundizar la desaceleración global. Carmine Di Noia, director de asuntos financieros y empresariales, señaló durante la presentación que la actualidad en Oriente Próximo podría añadir presión, especialmente si desemboca en un nuevo impulso inflacionario, aunque subrayó que es pronto para evaluar el efecto final.
En cualquier caso, el diagnóstico central es que el volumen de compromisos sigue creciendo sin señales claras de desaceleración. Di Noia insistió en que la resiliencia observada en años recientes no está garantizada. Por ello, la OCDE recomienda reforzar la disciplina fiscal, mejorar la eficiencia del gasto público y sostener estas medidas con una política monetaria creíble, con el objetivo de contener vulnerabilidades antes de que un shock más severo ponga a prueba la estabilidad del mercado.

