El efectivo reaparece como refugio en tiempos de crisis

Gasolina al alza y más nerviosismo en los hogares

La escalada de tensión por la guerra en Irán está empezando a trasladarse a la economía cotidiana. El canal más visible para muchos consumidores es el precio de la gasolina, que actúa como termómetro inmediato del riesgo geopolítico y alimenta la sensación de incertidumbre. En ese entorno, un viejo protagonista vuelve a ganar espacio: el dinero en efectivo.

La idea no es nueva, pero sí vuelve con fuerza en un momento en el que buena parte de los pagos se han desplazado a tarjetas, apps y transferencias instantáneas. Cuando los riesgos suben, la pregunta deja de ser cómo pagar más rápido y pasa a ser cómo pagar pase lo que pase.

Suecia pide guardar efectivo en casa

Esta semana, el Riksbank, el banco central de Suecia, recomendó a la población mantener dinero en efectivo en casa como medida de preparación ante tensiones geopolíticas en una economía altamente digitalizada.

La orientación incluye una referencia concreta: 1.000 coronas por adulto, alrededor de 90 euros, pensadas para cubrir aproximadamente una semana de compras esenciales. El propio banco central subraya que la cifra puede variar según el tamaño del hogar y recomienda mantener varias denominaciones para facilitar pagos cotidianos si fallan los sistemas electrónicos.

El BCE ya advirtió de un patrón repetido

El debate también ha sido seguido por el Banco Central Europeo. En un informe publicado en el verano de 2025, la institución señalaba que la demanda de billetes crece de forma consistente aunque el uso diario del efectivo baje, y que el valor de los billetes en circulación ha aumentado con el paso de los años.

Según ese análisis, el efectivo tiende a reforzarse cuando la estabilidad se percibe como frágil. La lógica combina dos planos: uno práctico, porque ofrece acceso inmediato y funciona sin conexión; y otro psicológico, porque da sensación de control cuando el entorno se vuelve imprevisible. El BCE describe además el efectivo como una red de liquidez para la comunidad y un tipo de seguro social frente a episodios de inestabilidad sistémica.

Cuatro crisis, una misma reacción

El informe del BCE analiza cómo reacciona la población ante shocks distintos, con un comportamiento recurrente: acopio preventivo de efectivo.

En la pandemia, la demanda de billetes aumentó de forma extraordinaria incluso mientras caían las transacciones presenciales, un fenómeno que la institución llegó a considerar una paradoja. En el apagón del 28 de abril de 2024 en la Península Ibérica, el patrón fue más operativo: el gasto con tarjeta se desplomó en las zonas afectadas, y tras el cero eléctrico se dispararon las retiradas en cajeros por encima de lo normal. En la invasión de Rusia a Ucrania, los países vecinos vieron aumentos significativos de demanda de efectivo por la incertidumbre. Y en la crisis de deuda de Grecia, la emisión neta mensual de billetes alcanzó máximos históricos en junio de 2015, con casi 5.000 millones de euros, según el BCE.

La conclusión que extraen las autoridades es que no se trata de acumular grandes sumas, sino de mantener un colchón funcional para necesidades básicas durante un periodo limitado. En Países Bajos o Finlandia, por ejemplo, se recomiendan 70 a 100 euros por miembro del hogar para cubrir unas 72 horas.