AGCO Corporation marca la hoja de ruta ESG a nivel global. ¿Cómo se articula esa estrategia corporativa en marcas como PTx y qué margen de adaptación tenéis a nivel local?
La estrategia ESG se define a nivel global dentro de AGCO, que marca la dirección en sostenibilidad, gobernanza y objetivos ambientales para todo el grupo. A partir de ese marco, las marcas y unidades de negocio, como PTx, trabajamos alineadas con la hoja de ruta.
En nuestro caso, el foco está muy ligado a la innovación tecnológica y a cómo esa tecnología ayuda al agricultor a producir de forma más eficiente. Si tuviera que explicarle a un agricultor el porqué de PTx, diría que nace con una misión clara: integrar agricultura de precisión, digitalización y automatización para mejorar la toma de decisiones en campo y producir más con menos, siempre desde la eficiencia, sin importar la marca o el color de la maquinaria.
A nivel local sí tenemos margen para adaptar la estrategia al contexto agrícola de cada región. No es lo mismo hablar de agricultura en España, con desafíos ligados a la topografía y al agua, que en otros países. Por eso aterrizamos el marco global a los retos reales que enfrentan los agricultores aquí.
Descarbonización, eficiencia y electrificación
En el ámbito tecnológico y de maquinaria agrícola, ¿cuáles diríais que son vuestras principales iniciativas en descarbonización y eficiencia energética, y qué papel juega la electrificación —como el tractor 100% eléctrico— dentro de esa estrategia?
En AGCO convergen varias líneas de trabajo con un mismo objetivo: producir alimentos con menos recursos y menor impacto ambiental.
Por un lado, está la descarbonización de las operaciones industriales. El grupo se ha marcado objetivos ambiciosos, como reducir emisiones operativas Scope 1 y 2 alrededor de un 55% en la próxima década y avanzar hacia reducciones cercanas al 90% a largo plazo. Parte de ese esfuerzo ya se refleja en plantas donde una porción relevante de la electricidad proviene de renovables.
En paralelo, hay foco en tecnologías más eficientes desde el punto de vista energético. Aquí entra la electrificación. El Fendt e100 Vario es un ejemplo: un tractor 100% eléctrico pensado para cultivos especializados como viñedo o frutales. Si se carga con energía renovable, puede operar sin emisiones directas y reducir de forma significativa la huella de carbono frente a un tractor convencional.
Pero muchas veces el mayor impacto no depende solo del motor, sino de cómo se trabaja. Ahí entra PTx. Con autoguiado, control de secciones o aplicación variable, se reducen solapamientos, se optimiza el uso de fertilizantes y fitosanitarios y se baja el consumo de combustible. Pequeñas mejoras, multiplicadas por miles de hectáreas, generan un impacto ambiental y económico relevante.
Cadena de suministro, trazabilidad y exigencias ESG
Comentábais que la evaluación ESG se realiza a lo largo de toda la cadena de suministro. ¿Cómo trabajáis la trazabilidad y qué exigencias estáis incorporando a proveedores y partners?
Hoy la sostenibilidad se analiza a lo largo de toda la cadena de valor. A nivel de grupo existe un marco de evaluación ESG para proveedores, con estándares ambientales, sociales y de gobernanza. Cada vez se exige más transparencia para entender no solo qué se produce, sino cómo se produce.
Además, la digitalización del agro aporta un componente clave. La agricultura digital permite registrar datos de operaciones en campo, desde la siembra hasta la aplicación de insumos. Eso genera trazabilidad y permite demostrar con datos el impacto real de las prácticas agrícolas.
Durante años el sector comunicó poco lo que hacía. Hoy avanzamos hacia un modelo más transparente, donde se puede medir y explicar cómo se producen los alimentos. Y aquí el punto es claro: el fin no justifica los medios. Desde PTx podemos registrar cada acción que ocurre en la parcela para aportar evidencia y trazabilidad.
Cómo se mide el impacto en sostenibilidad
Vuestras soluciones buscan no solo productividad, sino también eficiencia en fertilización, protección de cultivos y optimización de recursos. ¿Cómo medís el impacto real de estas tecnologías en términos de sostenibilidad y reducción de emisiones para vuestros clientes?
Uno de los cambios más importantes es que hoy podemos cuantificar cosas que antes eran difíciles de medir. La combinación de agricultura digital y de precisión permite registrar datos en tiempo real y analizar cómo se aplican fertilizantes, fitosanitarios o semillas.
Con aplicación variable o control por secciones se evitan solapamientos y se ajustan dosis a la necesidad real del cultivo. Eso reduce insumos, baja riesgos como la lixiviación o la deriva y optimiza recursos dentro del sistema productivo. La idea de fondo es simple: ser más eficiente también es ser más sostenible, y la tecnología permite demostrarlo con datos.
Retos ESG 2026-2027: regulación, adopción y cultura
De cara a 2026-2027, ¿cuáles diríais que son los principales retos del sector tecnológico en infraestructura y gestión de activos en materia ESG?
Vemos tres retos principales. Primero, el regulatorio: en Europa aumentan exigencias ambientales y eso acelera la adaptación del sector en uso de insumos, emisiones y gestión del suelo.
Segundo, la adopción tecnológica: muchas soluciones ya existen, pero aún hay trabajo para que lleguen de forma accesible a más agricultores y para que estén mejor estandarizadas y regularizadas.
Tercero, el cultural: la transparencia y la trazabilidad pasan a ser críticas. La digitalización permite demostrar con datos cómo se producen los alimentos y, en los próximos años, la agricultura digital y de precisión dejará de verse como “algo aparte”. Será, simplemente, la forma normal de hacer agricultura.

