El Ibex rebota con Repsol y la banca al frente

Las bolsas recuperan pulso con el crudo más calmado

Los mercados internacionales arrancaron una sesión de mayor apetito por el riesgo, apoyados en dos factores que el inversor venía esperando: una moderación del petróleo tras las últimas tensiones y el renovado impulso del sector tecnológico, con Nvidia como gran referencia. El cambio de tono permitió que las bolsas recuperaran terreno y que muchos índices dejaran atrás parte de la presión acumulada en las jornadas recientes.

En España, ese giro se tradujo en un avance claro del Ibex 35, que volvió a situarse por encima de los 17.000 puntos en una jornada de predominio comprador. La subida tuvo un componente amplio, pero destacó especialmente el mejor comportamiento de los sectores más sensibles al ciclo económico, precisamente los que venían mostrando más debilidad en las últimas semanas. El rebote, por tanto, no fue solo una cuestión técnica, sino también una señal de que el mercado vuelve a mirar con algo más de confianza a los segmentos más castigados.

Repsol figuró de nuevo entre los nombres más sólidos del selectivo. La petrolera se vio respaldada tanto por la evolución del crudo como por una mejora de recomendación emitida recientemente por una firma de análisis. Ese doble apoyo le permitió mantener el protagonismo dentro de un índice donde energía, banca y compañías ligadas a materias primas fueron algunos de los motores de la recuperación.

Los sectores cíclicos toman el mando en la bolsa española

La sesión dejó una rotación evidente hacia valores más expuestos al crecimiento y a la evolución de la actividad económica. Dentro del Ibex 35, los bancos recuperaron posiciones con fuerza, al igual que las constructoras y varias compañías vinculadas a recursos básicos. Después de varias semanas de menor tracción, estos sectores encontraron un entorno más favorable para rebotar, ayudados también por un descenso en las rentabilidades de la deuda.

Ese movimiento en los bonos fue relevante porque dio aire adicional a empresas con perfiles más endeudados y a cotizadas conocidas por su elevada rentabilidad por dividendo. Cuando el rendimiento de la deuda cede, este tipo de compañías suele resultar relativamente más atractivo, y eso se reflejó en el tono general del mercado español.

La nota negativa vino de la mano de Indra, que lideró las caídas del índice. El mercado penalizó las incertidumbres en torno a su gobernanza tras las informaciones sobre posibles cambios en la presidencia impulsados por la SEPI. La reacción vuelve a mostrar hasta qué punto el componente político sigue siendo una fuente de incomodidad para los inversores. En este caso, la debilidad bursátil parece responder más a dudas institucionales que a un deterioro del negocio, que continúa respaldado por la fortaleza de su exposición al sector de defensa.

Wall Street acompaña con amplitud y la Fed marca el ritmo

El buen tono no se limitó a Europa. En Estados Unidos, Wall Street también avanzó con una base amplia, con más de 400 compañías del S&P 500 en positivo y el índice encadenando su segunda jornada consecutiva al alza. El dato refleja una mejora del sentimiento más generalizada que en otros rebotes recientes, donde la subida había descansado sobre un número más reducido de grandes valores.

Entre los sectores más activos destacaron las aerolíneas, que repuntaron por la expectativa de un aumento en las reservas antes de un posible encarecimiento del combustible. Ese movimiento sugiere que parte del mercado está intentando anticiparse a un consumidor que podría acelerar decisiones de compra ante el riesgo de precios energéticos más altos en las próximas semanas.

Aun así, el mercado sigue pendiente de un factor central: la Reserva Federal. Los rendimientos de los bonos y el dólar cedieron antes de la próxima decisión del banco central estadounidense. Aunque el consenso espera que los tipos permanezcan sin cambios, la atención estará concentrada en el mensaje. Más que la decisión en sí, lo relevante será comprobar cómo interpreta la Fed el posible impacto inflacionario del repunte energético y hasta qué punto ese escenario puede retrasar futuros recortes de tipos.

El oro pierde brillo en pleno repunte geopolítico

Uno de los movimientos más llamativos de las últimas sesiones ha sido el del oro. En teoría, un entorno de conflicto en Oriente Próximo, tensión bursátil y encarecimiento del petróleo debería haber reforzado el papel del metal como refugio. Sin embargo, ha ocurrido lo contrario. Desde el inicio del conflicto, el oro acumula descensos cercanos al 5 por ciento, desconcertando a muchos inversores que esperaban un comportamiento más defensivo.

La explicación no es nueva. En episodios de estrés intenso, el oro no siempre actúa como refugio inmediato. La experiencia de la crisis financiera de 2008 y de la pandemia mostró que, en determinados momentos, los inversores venden también sus posiciones en oro para obtener liquidez y cubrir pérdidas en otros activos. Es decir, el metal puede convertirse en fuente de efectivo justo cuando más se espera que funcione como protección.

A eso se suma otro elemento clave: el repunte del petróleo está elevando las expectativas de inflación y reduce la probabilidad de recortes rápidos por parte de la Fed. En ese contexto, mantener un activo que no ofrece rentabilidad resulta menos atractivo. Además, cuando las caídas del mercado nacen de un shock en materias primas, como sucede ahora, el oro tiende a comportarse con mayor sintonía con la renta variable y pierde parte de su valor como herramienta de diversificación. La sesión deja así una fotografía clara: las bolsas han encontrado alivio, pero el equilibrio sigue siendo frágil y dependerá de la energía, los bancos centrales y la duración del conflicto.