Meta apaga su metaverso y gira hacia la IA

Horizon Worlds deja las gafas tras una apuesta multimillonaria

La gran promesa que Mark Zuckerberg presentó en 2021 como el siguiente capítulo de internet ha terminado, al menos en su versión más ambiciosa. Meta retirará Horizon Worlds de las gafas Quest a partir del 31 de marzo y eliminará por completo la aplicación de los visores Meta Quest el 15 de junio. El proyecto no desaparece del todo, pero pierde justo aquello que justificaba su existencia inicial: la experiencia inmersiva en realidad virtual.

Quien quiera seguir usando Horizon Worlds podrá hacerlo desde móvil, a través de la aplicación Meta Horizon para iOS y Android. Eso convierte lo que en su día fue planteado como una red social de realidad virtual en una plataforma mucho más convencional, sin casco, sin presencia digital inmersiva y sin la narrativa transformadora con la que Meta intentó vender el metaverso al mundo.

La decisión marca un punto de inflexión simbólico para la compañía. El cambio de nombre de Facebook a Meta no fue un ajuste cosmético, sino una declaración estratégica: la empresa quería situarse en el centro de una nueva economía virtual. Cuatro años y medio después, esa visión no ha logrado consolidarse ni como plataforma social masiva ni como negocio sostenible.

Un experimento de 80.000 millones sin masa crítica

La dimensión del fracaso queda resumida en una cifra difícil de ignorar. Reality Labs, la división encargada del ecosistema de realidad virtual y aumentada de Meta, acumula pérdidas operativas cercanas a los 80.000 millones de dólares desde 2020. Solo en el cuarto trimestre de 2025 perdió 6.020 millones, un 21 por ciento más que un año antes. En ese mismo periodo, los ingresos fueron de 955 millones, insuficientes incluso para cubrir una pequeña parte del gasto.

Meta podía permitirse financieramente esa apuesta gracias a la enorme rentabilidad de su negocio publicitario. Pero una cosa es poder absorber pérdidas y otra muy distinta convencer al mercado de que esas pérdidas conducirán a una posición dominante futura. La paciencia inversora empezó a agotarse cuando quedó claro que Horizon Worlds no estaba generando ni tracción de usuarios ni un modelo económico creíble.

La plataforma nunca pasó de unos pocos cientos de miles de usuarios activos mensuales, una escala irrelevante para una empresa acostumbrada a medir su alcance en miles de millones. El problema no era solo cuantitativo. También lo era de producto. Los entornos resultaban visualmente pobres, la experiencia exigía fricción física y tecnológica, y el catálogo de actividades no ofrecía razones suficientes para justificar el esfuerzo de ponerse unas gafas de realidad virtual de forma recurrente.

Recortes, despidos y un repliegue silencioso

La retirada del metaverso de Quest no ha llegado de golpe. En febrero, Samantha Ryan, vicepresidenta de contenido de Reality Labs, ya había adelantado que Meta separaría Horizon Worlds de la plataforma Quest para concentrarse casi por completo en la versión móvil. La incógnita era si la compañía mantendría de alguna forma el acceso inmersivo. La respuesta final ha sido negativa.

El cambio estratégico ya venía acompañado de ajustes severos. En diciembre, Zuckerberg ordenó recortar un 30 por ciento del presupuesto de Reality Labs. Poco después, en enero, la división despidió a unos 1.500 empleados, cerca del 10 por ciento de su plantilla, con especial impacto en equipos dedicados a visores y entornos sociales virtuales. También cerraron varios estudios de videojuegos vinculados a este ecosistema.

Incluso productos más exitosos dentro del universo de realidad virtual han entrado en modo defensivo. Supernatural, una de las aplicaciones de fitness más populares de Meta Quest y adquirida por Meta en 2023, ha pasado a mantenimiento, sin desarrollo activo de nuevas funciones. El mensaje es claro: la compañía ya no está construyendo agresivamente ese futuro virtual, sino administrando lo que queda mientras redirige el capital hacia otras apuestas.

Las gafas con IA sustituyen al viejo sueño virtual

El repliegue del metaverso no significa el abandono total de Reality Labs, sino una redefinición de prioridades. Dentro de esa misma división, algunos productos sí han empezado a mostrar señales comerciales más sólidas. El caso más visible es el de las Ray-Ban Meta, cuyas ventas se triplicaron en la primera mitad de 2025 y las colocaron entre los dispositivos de electrónica de consumo con mayor crecimiento.

Zuckerberg ya ha adaptado el relato corporativo a esa nueva dirección. En lugar de mundos virtuales inmersivos, ahora la apuesta pasa por gafas inteligentes con inteligencia artificial integrada. La alianza con EssilorLuxottica se ha reforzado con una inversión de 3.500 millones de dólares para desarrollar nuevas líneas, incluidas bajo la marca Oakley. La idea es que el futuro no pase por aislar al usuario en entornos digitales, sino por añadir capas de IA al mundo físico a través de dispositivos ligeros y cotidianos.

Ese cambio de discurso se ha vuelto tan evidente que en la última presentación ante inversores ni siquiera apareció la palabra metaverso. En su lugar, Meta anunció que planea invertir entre 60.000 y 65.000 millones de dólares en infraestructura de inteligencia artificial y centros de datos en 2026. La compañía no renuncia a gastar a gran escala. Lo que ha cambiado es el destino de ese dinero. El metaverso ha dejado de ser la gran promesa. Ahora esa posición la ocupa la IA.