El FMI recorta previsiones para España por la guerra

La economía mantendrá crecimiento, pero con más presión exterior

La economía española seguirá creciendo con solidez en el corto plazo, aunque el nuevo escenario internacional ya ha empezado a pasar factura a las previsiones. El Fondo Monetario Internacional ha revisado a la baja sus estimaciones para España en 2026 y 2027 y sitúa ahora el foco en el encarecimiento de la energía derivado de la guerra en Oriente Próximo como principal riesgo para la evolución de la actividad.

El ajuste, por ahora, es limitado, pero relevante. El FMI prevé que el PIB español avance un 2,1 por ciento en 2026, frente al 2,8 por ciento registrado en 2025. Esa cifra supone una rebaja de dos décimas respecto al pronóstico formulado en enero. Para 2027, la previsión también se enfría y queda en el 1,8 por ciento, una décima menos de lo estimado anteriormente.

El mensaje de fondo no es que España vaya a perder dinamismo de forma abrupta, sino que su ritmo de expansión empieza a verse condicionado por factores externos más adversos. En particular, el organismo advierte de que una prolongación del conflicto podría amplificar el impacto negativo sobre la economía española y deteriorar un escenario que, por ahora, sigue siendo de crecimiento, aunque menos intenso.

El petróleo pesa más que el gas en el nuevo escenario

La principal vía de transmisión del deterioro internacional será, según el FMI, el alza del petróleo. El escenario base de los técnicos del organismo parte de unos precios del crudo y del gas coherentes, en líneas generales, con las cotizaciones de los futuros observadas a mediados de marzo de 2026. Bajo ese supuesto, la economía española se resentirá sobre todo por el encarecimiento del petróleo, un factor con capacidad para afectar al consumo, los costes empresariales y la inflación.

En el caso del gas, el informe introduce un matiz más favorable para España. El FMI considera que la subida de este combustible debería tener un efecto más amortiguado que en otras economías europeas gracias a varios elementos de protección, entre ellos el elevado peso de las energías renovables dentro del sistema eléctrico español. Esa característica reduce parcialmente la vulnerabilidad del país ante un shock energético de origen externo.

Aun así, la advertencia es clara. La guerra no solo encarece la energía, también introduce incertidumbre y complica la planificación económica. Si el conflicto se prolonga o escala, el impacto podría dejar de ser marginal y extenderse con más fuerza a la actividad, la confianza y los precios.

La demanda interna seguirá sosteniendo el crecimiento

Pese al empeoramiento del entorno internacional, el FMI sigue viendo a la demanda interna como el gran soporte de la economía española en los próximos trimestres. Consumo e inversión continuarán desempeñando un papel central para sostener el crecimiento, compensando en parte la pérdida de impulso de otros factores que habían sido muy relevantes en los últimos años.

Entre esos factores figura, por el lado de la oferta, el aumento de la población activa, que ha contribuido de forma importante a elevar la capacidad de crecimiento. También aparece el turismo por el lado de la demanda, un motor que ha sido clave en la recuperación reciente, pero cuyo efecto expansivo podría moderarse tras varios ejercicios excepcionalmente fuertes.

La lectura del FMI, por tanto, no es de ruptura, sino de transición hacia un crecimiento más normalizado y menos favorecido por impulsos extraordinarios. España seguirá avanzando, pero deberá hacerlo con un colchón internacional mucho menos favorable que el de los últimos ejercicios.

El Fondo insiste en el riesgo político y fiscal

Junto al deterioro del contexto exterior, el FMI vuelve a señalar un riesgo doméstico que ya había subrayado el año pasado: la fragmentación política. El organismo considera que esa debilidad puede dificultar la aprobación de las medidas necesarias para reducir el déficit y la deuda, una cuestión especialmente sensible en una etapa en la que las reglas fiscales europeas vuelven a ganar protagonismo.

La advertencia no es menor. Si el crecimiento se modera y el margen presupuestario se estrecha, la capacidad del Gobierno para impulsar ajustes, aprobar reformas o responder a nuevos shocks dependerá en buena medida de su fortaleza parlamentaria. Desde la óptica del FMI, esa incertidumbre política introduce dudas sobre la continuidad de una estrategia fiscal creíble y sostenida.

El organismo también insiste en la necesidad de avanzar en medidas relacionadas con la oferta de vivienda, apoyándose en las iniciativas ya planteadas por el Ejecutivo. El mensaje es que el crecimiento no puede depender solo de la resistencia de la demanda interna, sino también de reformas capaces de aliviar cuellos de botella estructurales. En conjunto, el diagnóstico del Fondo es prudente pero no alarmista: España mantiene capacidad de crecimiento, pero afronta un entorno más complejo, con menos viento a favor y con riesgos energéticos, fiscales y políticos que exigirán más precisión en la política económica.