El Ibex arranca la semana bajo presión por el petróleo

La crisis energética golpea a las bolsas y devuelve el miedo a los mercados

La Bolsa española ha comenzado la semana con una fuerte corrección, arrastrada por el deterioro del contexto internacional y por un nuevo repunte de las materias primas energéticas. El Ibex 35 ha abierto este lunes con una caída del 1,87 por ciento, cediendo la cota de los 16.500 puntos y situándose en 16.402,1 enteros en los primeros compases de la sesión. El movimiento refleja el nerviosismo creciente de los inversores ante una crisis en Oriente Próximo que ya está impactando de lleno en el precio del crudo, el gas y las expectativas económicas globales.

La presión sobre el selectivo español no se produce en aislamiento. El tono bajista se ha extendido por Europa y Asia, confirmando que el mercado está reaccionando a un shock energético con capacidad de alterar crecimiento, inflación y márgenes empresariales. El encarecimiento del petróleo vuelve a instalar un viejo temor en los parqués: que una crisis geopolítica termine convirtiéndose en una crisis económica más amplia.

En este escenario, la caída del Ibex tiene una lectura clara. No se trata solo de una toma de beneficios o de un ajuste técnico, sino de una reacción directa a un entorno donde el coste de la energía vuelve a convertirse en la variable central para la renta variable europea.

Todos los valores abren en rojo y el castigo se concentra en cíclicos

La apertura mostró una imagen de debilidad generalizada. Todos los componentes del Ibex 35 arrancaron con pérdidas, lo que confirma hasta qué punto el temor es transversal. Entre los mayores descensos destacaron ArcelorMittal, con un retroceso del 4,19 por ciento, IAG, que cedía un 3,69 por ciento, Acciona, con una caída del 2,98 por ciento, y Acerinox, que bajaba alrededor de un 2,87 por ciento.

El comportamiento de estos valores no es casual. Son compañías especialmente sensibles al ciclo económico, al comercio internacional o a la evolución de los costes energéticos. En momentos de tensión como el actual, el mercado suele castigar primero a los sectores más expuestos a una desaceleración o a una compresión de márgenes, y eso es exactamente lo que está ocurriendo.

Ni siquiera las noticias corporativas lograron cambiar el tono. PharmaMar comunicó la aprobación en Taiwán de Zepzelca en combinación con atezolizumab como tratamiento de mantenimiento de primera línea para pacientes adultos con cáncer de pulmón de célula pequeña en estadio avanzado. Cellnex, por su parte, informó de la inclusión de un mecanismo de vencimiento anticipado en un contrato de permuta financiera de retorno absoluto por hasta 550 millones de euros. Sin embargo, el mercado optó por ignorar los desarrollos empresariales concretos y centrarse casi exclusivamente en el riesgo macro y energético.

Europa y Asia reflejan el mismo temor global

El pesimismo no se limitó a Madrid. Las principales bolsas europeas también abrieron con caídas relevantes, con Milán dejándose un 1,8 por ciento, Fráncfort un 1,93 por ciento, París un 1,39 por ciento y Londres un 1,38 por ciento. La sesión asiática ya había anticipado ese deterioro, con fuertes recortes en todos los grandes índices de la región.

El Kospi surcoreano cerró con un desplome cercano al 6,5 por ciento, mientras el Hang Seng de Hong Kong perdió más del 3,5 por ciento y la Bolsa de Shanghái cayó un 3,7 por ciento. En Japón, el Nikkei retrocedió casi un 3,7 por ciento. Esa sincronía bajista muestra que el mercado está interpretando la crisis energética como un riesgo sistémico y no como un problema localizado.

Cuando Europa, Asia y las materias primas se mueven al mismo tiempo en dirección de aversión al riesgo, la señal suele ser inequívoca: los inversores están dejando de pensar en resultados empresariales aislados y vuelven a operar con una lógica dominada por el miedo macroeconómico.

El petróleo vuelve al centro de la escena

La clave de la jornada vuelve a estar en la energía. El barril de Brent, referencia en Europa, subía un 1,1 por ciento en torno a las 9.10 horas, hasta los 113,4 dólares, mientras el West Texas Intermediate avanzaba un 2,7 por ciento y alcanzaba los 100,85 dólares. El gas europeo también se encarecía con fuerza, con el contrato de futuros holandés repuntando más de un 4,26 por ciento hasta los 61,75 euros por megavatio hora.

El detonante sigue siendo la dificultad para transitar por el estrecho de Ormuz, una vía crítica para el comercio mundial de petróleo y gas. La Agencia Internacional de la Energía ya ha calificado la situación de muy grave y su director, Fatih Birol, ha advertido de que ningún país saldrá indemne. Su comparación es especialmente reveladora: según explicó, el mercado estaría perdiendo unos 11 millones de barriles diarios, una cifra superior a la de las dos grandes crisis petroleras de los años setenta juntas.

Con el bono español a diez años escalando al 3,61 por ciento y el euro cotizando en 1,1533 dólares, el mercado empieza a enviar un mensaje incómodo. El problema ya no es solo geopolítico. La energía vuelve a amenazar el equilibrio financiero y económico, y el Ibex ha sido uno de los primeros en reflejarlo con claridad.