En cualquier caso, casi como un nuevo aviso, Apollo ha bloqueado los retiros de uno de sus fondos. En la noche de ayer la empresa anunció que su fondo Apollo Debt Solutions, con activos por valor de 25.000 millones de dólares, limitó los reembolsos al 5%. Esto después de que los clientes pidieran unas devoluciones superiores al 11,2%.
No se quedó solo. Ares ha seguido el ejemplo y poco después anunció que su fondo, Ares Strategic Income Fund, también bloqueó al 5% del total de los activos del vehículo los reembolsos tras unas solicitudes del 11,6%, según indicaron en una carta a sus accionistas. Este fondo contaba con unos 10.700 millones de dólares en activos.
Estos han sido los últimos casos, pero otras firmas ya han tenido que tomar la misma decisión: BlackRock, BlueOwl Capital, Morgan Stanley y JP Morgan. Cabe remarcar que no es que todas estas firmas hayan visto comprometida su liquidez general, sino que todos los vehículos tienen un ‘suelo’ del 5%. Si se retira más de esta cifra del total del vehículo en activos se considera peligroso para la liquidez y se procede a tomar esta clase de medidas para no tener que vender a pérdidas, añadir dinero de forma extraordinaria o tomar decisiones drásticas. En el caso de Blackstone también se vivieron retiros de más del 10% en su fondo de crédito privado pero, en este caso, optaron por inyectar dinero y aumentar ese límite del 5% para permitir que quien quisiera salir pudiera hacerlo sin problema.
¿Por qué ha estallado el pánico?
Ahora bien, ¿por qué está habiendo esta sucesión de salidas? La clave está en el gran éxito que han tenido los fondos de crédito privado como herramientas para los inversores minoristas. Se ha producido una gran democratización que permite estas salidas si hay momentos de pánico. En este caso, el momento de pánico empezó con las empresas de software, grandes demandantes de financiación fuera del sistema. Los clientes se asustaron debido a que la IA de agentes empezó a amenazar el negocio de muchas de estas firmas con descalabros en numerosas empresas.
Siguiendo la estela de este miedo en las bolsas, los inversores se retiraron de vehículos como los de Blue Owl Capital, especializados, precisamente, en software. Ahora bien, con esta empresa bloqueando los retiros, el foco cambió a todo el sector y se puso este en tela de juicio, desatando caídas a nivel general en la mayor parte de los vehículos más grandes del mundo.
A este temor por el software que prendió la mecha de una desconfianza general hay que unir episodios en el pasado que mostraron los problemas que puede generar el crédito privado. Ya el año pasado First Brands y su quiebra mostraron cómo la deuda de muchas de estas empresas se disparaba mucho más allá de lo que decía su balance debido a prácticas de mayor opacidad de este tipo de créditos.
“Esperamos que la continua reducción de la actividad bancaria y unos diferenciales atractivos siga incrementando el negocio del crédito privado”
Al caso de First Brands, cuyo colapso empezó por los aranceles, hay que sumarle otros que se han ido acumulando en los últimos meses. Destaca, por ejemplo, el caso de Perch para Apollo. El fondo tenía un crédito respaldado por activos en esta firma de logística que operaba dentro de Amazon agrupando marcas pequeñas. Este modelo de negocio colapsó y de golpe emergieron 170 millones de dólares en pérdidas para Apollo que en teoría eran prácticamente imposibles dado el respaldo de activos que no resultó una garantía finalmente.
En Europa estos fenómenos no nos son extraños, pues MFS fue un intermediario bancario británico que se dedicaba a conceder crédito de emergencia mientras se buscaba liquidez más estable. Esta empresa quebró acusada de doble pignoración. Es decir, la firma supuestamente usaba el mismo activo para dar garantías a dos acreedores diferentes, provocando un riesgo mucho mayor del que aparecía en los balances de estos. Su colapso va a tener un impacto de 600 millones de libras en Barclays y de 100 millones en Jefferies, ambos acreedores de la firma. Atlas tenía 400 millones en deuda de esta empresa. Otras firmas expuestas, como son Castlelake y Santander, tienen una exposición menor.
Más allá de estos, también preocupa la salud general de muchas de estas firmas. Partners Group advertía de que “probablemente los impagos se duplicarán en los próximos años”. En su caso, atribuía el problema a la IA, dado que habrá muchos ganadores que lograrán enormes beneficios, pero habrá empresas que verán perdido su modelo de negocio, y este sistema es muy problemático para el crédito privado. “En el crédito privado, si a una empresa le va bien, tienes beneficios limitados a los intereses. Si va mal, afrontas el total de las pérdidas”, comentaba la firma.
Todos estos casos y problemas como este han ayudado a generar más desconfianza y han apuntalado los recientes episodios de caos… y parece que su volatilidad ha venido para quedarse. Desde Brookfield explican que “esperamos que la continua reducción de la actividad bancaria y unos diferenciales atractivos sigan incrementando el negocio del crédito privado“. La firma añade que este aumento “es solo la primera etapa de lo que es una evolución total del mercado crediticio fuera del sistema bancario tradicional. Habrá una importante expansión”.
Según la firma, el “cambio estructural que estamos viendo refuerza la importancia sistémica del crédito bancario para el sistema en general”. En ese sentido, surge la preocupación de que sus debilidades se conviertan en las del sistema. “Las entidades no bancarias presentan varias vulnerabilidades clave, principalmente relacionadas con el apalancamiento excesivo, el desajuste de liquidez y la interconexión“, comentaba el FMI. La mayor presencia “aumenta el riesgo de transmisión de perturbaciones por todo el sistema financiero”. Queda por ver si medidas como las del BCE consiguen aislar el problema o si en algún momento las pérdidas de estos fondos podrán desestabilizar al sistema.

