El PIB creció un 2,8% en 2025 y deja una base sólida para 2026
La economía española cerró 2025 con un crecimiento del 2,8%, una tasa inferior al 3,5% registrado el año anterior, pero todavía lo bastante robusta como para situar a España entre las economías avanzadas con mejor comportamiento. El dato confirma que, pese a la desaceleración respecto a 2024, la actividad mantiene un ritmo muy superior al de la zona euro y conserva una notable capacidad de resistencia en un contexto internacional más complejo.
La clave del resultado ha estado en la fortaleza de la demanda interna. El consumo de los hogares volvió a funcionar como uno de los grandes motores del crecimiento y avanzó un 3,3% en el conjunto del año, por encima incluso del propio PIB. Ese dinamismo refleja que las familias mantuvieron su capacidad de gasto durante la segunda mitad del ejercicio y, especialmente, en los últimos meses del año, cuando el consumo tomó más velocidad y ayudó a consolidar el cierre del ejercicio.
A ese impulso se sumó la inversión, que creció a tasas superiores al 5%, lo que indica que empresas y agentes económicos siguieron apostando por ampliar capacidad, renovar activos y mantener proyectos en marcha. Esa combinación de consumo e inversión permitió compensar el deterioro del sector exterior, que terminó restando siete décimas al crecimiento anual.
La demanda interna compensa el desgaste exterior
El comportamiento del comercio exterior fue el principal elemento de debilidad en 2025. La subida de aranceles afectó al entorno internacional y redujo la aportación de la demanda externa, en un momento en el que muchas economías europeas también mostraban un tono más apagado. Aun así, la economía española logró amortiguar parte de ese impacto gracias a un componente cada vez más relevante: la exportación de servicios no turísticos.
Ese segmento creció más de un 11% y vuelve a confirmar una tendencia de fondo muy significativa. España está ganando peso en actividades como consultoría, finanzas y servicios empresariales, sectores que llevan varios años expandiéndose a doble dígito y que están ayudando a diversificar el patrón exportador del país más allá del turismo tradicional.
Esta evolución es importante porque introduce una capa de mayor sofisticación en el modelo económico. Aunque el sector exterior en conjunto restó crecimiento en 2025, la fortaleza de estos servicios demuestra que España no depende únicamente del tirón turístico y que existen focos de competitividad en actividades de mayor valor añadido.
La construcción gana fuerza en plena crisis de vivienda
Otro de los elementos más destacados del año fue el comportamiento de la construcción, que se acercó a un crecimiento del 6%. El dato resulta especialmente llamativo porque se produce en medio de una intensa crisis de acceso a la vivienda, con una demanda muy elevada y una oferta insuficiente en numerosos mercados.
El avance del sector se explica en parte por el aumento de licencias de obra concedidas en los últimos meses, lo que apunta a una cierta reactivación de la actividad promotora. Aunque todavía está por ver si ese ritmo será suficiente para corregir los desequilibrios acumulados en el mercado residencial, sí refleja que la construcción vuelve a desempeñar un papel visible dentro del crecimiento económico.
En términos macroeconómicos, este comportamiento tiene doble importancia. Por un lado, añade tracción a la demanda interna. Por otro, puede condicionar de forma relevante la evolución de 2026, tanto por su impacto en empleo y actividad como por su conexión directa con uno de los principales problemas económicos y sociales del país.
La economía entra en 2026 con inercia positiva
Más allá del dato anual, una de las cuestiones más relevantes es el llamado arrastre con el que la economía española entra en 2026. Según estas cifras, el crecimiento heredado del año anterior ya aporta un 1,1%, lo que significa que parte del avance del nuevo ejercicio está prácticamente incorporado desde el punto de partida.
Esa inercia ofrece una base relativamente favorable, sobre todo si el consumo mantiene firmeza y la inversión no pierde intensidad. Sin embargo, también deja claro que el equilibrio seguirá dependiendo de que la demanda interna continúe sosteniendo el crecimiento, especialmente si el contexto exterior sigue penalizado por barreras comerciales o menor dinamismo global.
En conjunto, 2025 deja una imagen nítida. España desaceleró frente al año previo, pero mantuvo un ritmo de expansión sólido, apoyado en el gasto de los hogares, la inversión y la construcción. Esa combinación le permitió absorber el lastre exterior y cerrar el ejercicio como una de las economías más dinámicas del entorno avanzado, con una base todavía favorable para afrontar 2026.

