El Banco Central Europeo prevé un nuevo repunte de la inflación en la eurozona durante el segundo trimestre de 2026 como consecuencia directa del encarecimiento de la energía provocado por la guerra en Oriente Próximo. En su último boletín económico, la institución sitúa la inflación en el 3,1% en ese periodo, una cifra claramente por encima de su objetivo del 2% y que vuelve a colocar la evolución de los precios en el centro del debate monetario europeo.
La previsión es relevante no solo por el nivel que alcanzaría la inflación, sino por lo que revela sobre la fragilidad del entorno económico. El BCE asume que el actual shock energético tendrá un impacto suficiente como para alterar de nuevo la senda de precios en el corto plazo, aunque espera una moderación posterior si se cumplen las expectativas que hoy reflejan los mercados de futuros sobre las materias primas energéticas.
Aun así, el propio banco central admite que el escenario está rodeado de una incertidumbre elevada. Si la guerra se prolonga más de lo previsto o el impacto sobre el petróleo, el gas y el transporte global se intensifica, la inflación podría resultar más alta y más persistente de lo que ahora contempla la autoridad monetaria.
La inflación volverá a alejarse del objetivo
Según el boletín publicado este jueves, el BCE espera que la inflación suba hasta el 3,1% en el segundo trimestre de 2026. Después prevé una cierta corrección hasta el 2,8% en el tercer trimestre, apoyada en las caídas de precios energéticos implícitas en los mercados de futuros. Aun con esa moderación, el nivel seguiría claramente por encima del objetivo oficial del 2%.
Ese perfil confirma que el banco central no ve el repunte actual como un episodio totalmente resuelto ni de impacto menor. La inflación, aunque previsiblemente se desaceleraría tras el pico, seguirá en cotas incómodas para la política monetaria. Eso obliga al BCE a mantener una postura especialmente vigilante en un momento en que la eurozona todavía no ha consolidado una desinflación estable y duradera.
La lectura de fondo es clara: el banco emisor da por hecho que la energía seguirá siendo el principal foco de presión sobre los precios en los próximos meses y que la convergencia sostenida hacia el 2% vuelve a aplazarse.
La guerra y la energía vuelven a marcar la agenda
El informe dedica una atención especial al mercado energético, donde el deterioro ha sido particularmente intenso. El BCE señala que los precios del petróleo han aumentado un 84% desde el 18 de diciembre de 2025. A ello se suma una fuerte alteración del transporte marítimo de crudo, con una reducción drástica del número de petroleros que cruzan el estrecho de Ormuz y un incremento considerable de los costes globales de transporte.
En el caso del gas, la presión ha sido incluso mayor. Los precios europeos han subido un 98%, en parte porque alrededor del 20% del suministro mundial de gas natural licuado, principalmente procedente de Catar, pasa también por el estrecho de Ormuz. El BCE subraya además que Europa llegaba a esta nueva crisis con un punto de partida delicado, ya que los niveles de almacenamiento eran históricamente bajos, lo que ha incrementado la vulnerabilidad del mercado.
Todo ello refuerza la idea de que el conflicto no está afectando solo a la energía como materia prima, sino también a la logística global que permite hacerla llegar a Europa en condiciones razonables de precio y suministro.
El BCE teme efectos más duraderos
La institución advierte expresamente de que una guerra prolongada en Oriente Próximo podría generar un encarecimiento energético más intenso y persistente de lo que hoy se contempla. Ese riesgo no se limita al impacto inmediato del petróleo y el gas. También podría trasladarse a otros componentes de la economía si las empresas empiezan a repercutir costes con más fuerza o si los salarios reaccionan al alza para compensar la pérdida de poder adquisitivo.
El BCE añade que las disrupciones más amplias en las cadenas globales de suministro también podrían agravar el problema. Ese punto es especialmente sensible porque transformaría un shock inicial de energía en una presión inflacionaria más generalizada sobre bienes, transporte e insumos industriales. Es precisamente ese tipo de contagio el que haría más difícil para el banco central mantener la calma y confiar únicamente en una corrección gradual posterior.
Por eso, aunque el escenario central del BCE contempla una moderación desde el tercer trimestre, el tono general del informe deja ver que los riesgos siguen claramente inclinados al alza en materia de inflación.
Los tipos siguen en pausa, pero el debate continúa
La publicación del boletín llega dos semanas después de que el BCE decidiera mantener los tipos de interés en el 2%, aunque dejando claro que actuaría con agilidad si el impacto de la guerra sobre la inflación resultaba mayor de lo esperado. En aquella reunión, la entidad ya había revisado al alza su previsión para 2026 hasta el 2,6%, siete décimas por encima de la estimación manejada en diciembre. Para 2027 y 2028 situaba la inflación en el 2% y el 2,1%, respectivamente.
Desde entonces, dentro del Consejo de Gobierno han surgido matices sobre el ritmo de una eventual respuesta. Algunos miembros consideran que subir los tipos en la reunión de finales de abril sería precipitado, mientras otros han dejado abierta esa opción. El nuevo boletín no resuelve ese debate, pero sí lo endurece, porque aporta argumentos a quienes creen que la amenaza inflacionaria puede enquistarse si el conflicto no se estabiliza pronto.
En paralelo, el BCE prevé solo un modesto crecimiento del PIB de la eurozona en el primer trimestre de 2026. Esa combinación de inflación alta y actividad débil vuelve a dibujar el riesgo de un entorno incómodo para la política monetaria: contener los precios sin asfixiar todavía más una economía golpeada por la energía, la pérdida de renta real y el deterioro de la confianza global.

