EEUU prevé una lenta normalización del petróleo

Estados Unidos ha intentado enfriar la ansiedad de los mercados energéticos con un mensaje de relativa calma. Según el último escenario mensual de la Energy Information Administration, el mercado mundial del crudo podría empezar a recuperar cierta estabilidad a partir de mayo y acercarse a niveles previos al conflicto hacia finales de 2026. No se trata de un retorno rápido a la normalidad, sino de una salida gradual de una de las mayores tensiones recientes en el comercio energético internacional.

La clave de esa previsión está en el estrecho de Ormuz. Si el tráfico marítimo por esta ruta comienza a restablecerse de manera progresiva después de abril y el conflicto no escala más, la producción de petróleo en el Golfo podría ir recuperándose poco a poco. Ese supuesto es el pilar sobre el que descansa todo el escenario central del informe. Sin esa reapertura gradual, la senda de alivio sería mucho más incierta.

El mensaje, por tanto, es tranquilizador solo en parte. La EIA dibuja una mejora posible, pero deja claro que el mercado seguirá sometido a volatilidad, primas de riesgo elevadas y una gran dependencia de la evolución geopolítica en Oriente Próximo.

El golpe a la producción ha sido muy severo

La perturbación ha afectado de lleno a seis grandes productores del Golfo: Iraq, Arabia Saudí, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Bahréin. En conjunto, estos países habrían retirado del mercado unos 7,5 millones de barriles diarios en marzo, una cifra que escalaría hasta 9,1 millones de barriles diarios en abril, precisamente en el momento de mayor tensión logística.

Ese repunte en las interrupciones coincide con el rápido llenado de inventarios en los países que dependen de Ormuz como vía esencial para sus exportaciones. En otras palabras, no solo se ha reducido la producción disponible, sino que además se ha tensionado el sistema de salida y distribución, elevando la presión sobre toda la cadena energética.

La magnitud del ajuste ayuda a explicar por qué el mercado reaccionó con tanta violencia en las últimas semanas. Cuando un volumen tan elevado de oferta se ve comprometido en una zona tan crítica, el impacto trasciende de inmediato el petróleo y alcanza a combustibles, transporte marítimo y expectativas globales de inflación.

Mayo sería el inicio del alivio

Si el conflicto no se prolonga más allá de abril y la circulación por Ormuz comienza a recuperarse, la EIA espera que los recortes de producción bajen a 6,7 millones de barriles diarios en mayo. Ese retroceso sería la primera señal tangible de que el mercado empieza a salir del punto de máxima tensión.

Sin embargo, la mejora prevista no equivale a una vuelta rápida al equilibrio. El escenario contempla una normalización lenta, escalonada y muy condicionada por la estabilidad política y militar en la región. La oferta tardaría todavía muchos meses en acercarse a la situación anterior a la crisis, de modo que el mercado seguiría funcionando bajo presión durante buena parte de 2026.

Eso significa que la recuperación no será lineal. Habrá altibajos, episodios de nerviosismo y riesgo de nuevas interrupciones. El informe no dibuja un desplome repentino de los precios, sino una relajación gradual de un mercado que seguirá muy sensible a cualquier cambio en el frente geopolítico.

El Brent seguirá alto durante bastante tiempo

La trayectoria prevista para el precio del Brent refleja bien esa tensión persistente. Tras promediar 103 dólares por barril en marzo, la referencia internacional alcanzaría su máximo en el segundo trimestre de 2026, con una media de 115 dólares por barril. Solo después comenzaría una corrección más visible, conforme se alivien los cierres de producción y se normalicen parcialmente los flujos.

Aun así, el informe advierte de que el Brent no bajaría de los 90 dólares por barril hasta el cuarto trimestre de 2026. Para 2027, la media prevista se situaría en 76 dólares. Este recorrido deja claro que la prima de riesgo seguirá muy presente durante bastante tiempo y que el retorno a precios más cómodos será lento.

El equilibrio final dependerá de dos variables decisivas: cuánto dure realmente el conflicto y hasta qué punto las interrupciones sobre la producción acaben siendo reversibles. Mientras esas dos incógnitas sigan abiertas, el petróleo continuará cotizando con una fuerte carga de incertidumbre.

La crisis también golpea al gas y a los combustibles

La tensión no se limita al crudo. El diferencial entre el Brent y el WTI estadounidense se amplió hasta una media de 12 dólares por barril en marzo y podría alcanzar los 15 dólares en abril. El motivo es que el crudo de referencia europea ha sufrido con más intensidad tanto el encarecimiento del transporte marítimo como la caída de flujos entre Oriente Próximo y los grandes mercados asiáticos. Si Ormuz se reabre, esa brecha debería reducirse de nuevo.

El impacto también se ha trasladado a la gasolina, al diésel y al gas natural licuado. El encarecimiento del petróleo ha impulsado al alza los combustibles, con un diésel especialmente tensionado por la estrechez de la oferta mundial y por unos inventarios estadounidenses que se mantienen por debajo de la media de los últimos cinco años.

En paralelo, la menor salida de gas natural licuado a través de Ormuz ha empujado hacia arriba los precios internacionales del gas y ha ampliado la distancia entre el Henry Hub estadounidense y las cotizaciones de importación en Europa y Asia. En conjunto, el mensaje de la EIA es claro: puede haber alivio, pero la estabilidad energética aún queda lejos.