Los mercados financieros vivieron este miércoles una sesión de euforia tras el alto el fuego de dos semanas pactado por Estados Unidos, Israel e Irán. La reacción fue inmediata y contundente: las Bolsas subieron con fuerza, el petróleo cayó por debajo de los 100 dólares, el gas se desplomó y la deuda registró una bajada rápida de las rentabilidades. El mensaje inicial fue claro: se ha evitado, al menos de momento, el peor escenario posible.
En España, el Ibex 35 se disparó cerca de un 4%, firmando su mejor jornada en un año y recuperando los 18.100 puntos. El movimiento fue similar en otras plazas europeas, con un Euro Stoxx 50 que llegó a avanzar un 4,6%. En Wall Street, al cierre europeo, el S&P 500 subía más de un 2,2% y el Nasdaq, un 2,6%. Asia ya había anticipado el tono alcista, con el Nikkei japonés ganando un 5,4%.
La tregua era la noticia que el mercado llevaba semanas esperando. Tras seis semanas de fuerte volatilidad, el alivio se tradujo en cierres de posiciones bajistas, compras rápidas de activos castigados y una percepción general de que el riesgo más destructivo se ha aplazado. Pero una cosa es la reacción inmediata y otra muy distinta la convicción de que la crisis esté realmente encauzada.
Petróleo y gas caen con fuerza
La señal más visible del alivio llegó desde la energía. El Brent, referencia en Europa, cedió cerca del 13% y volvió a situarse en torno a los 95 dólares por barril, mientras que el WTI estadounidense llegó a caer alrededor de un 16%, hasta los 94,6 dólares. En algunos momentos de la sesión, el desplome intradía se acercó incluso al 19%, un movimiento de enorme magnitud.
El gas también corrigió con violencia. El contrato TTF negociado en Países Bajos se dejó un 14% y retrocedió hasta los 45,6 euros por megavatio hora. El mercado energético llevaba semanas cargando una prima de riesgo muy elevada por el temor a un bloqueo prolongado en Oriente Próximo, de modo que cualquier señal de desescalada tenía que reflejarse con fuerza en los precios.
Aun así, el ajuste no borra todo el shock. El petróleo sigue cotizando unos 20 dólares por encima de los niveles previos al conflicto, lo que indica que el mercado no da por resuelta la crisis, sino solo parcialmente contenida.
El estrecho de Ormuz sigue siendo la clave
La mayor cautela del mercado no está en las Bolsas, sino en el estrecho de Ormuz. La tregua ha reducido la presión inmediata, pero no ha normalizado todavía el paso por la principal arteria energética del planeta. Este miércoles apenas dos barcos habían cruzado, según los datos citados en la información de partida, y desde Irán se insistía en que el tránsito seguiría condicionado por la evolución militar en Líbano.
Esa es la gran fragilidad del rebote. Mientras Ormuz no recupere un flujo sostenido y fiable, el riesgo energético seguirá vivo. Los inversores pueden celebrar una pausa, pero no un retorno pleno a la normalidad. De hecho, buena parte de la volatilidad futura dependerá precisamente de si esta tregua temporal acaba traduciéndose en un acuerdo más estable o se rompe ante nuevos ataques en la región.
Los analistas lo tienen claro: la caída del crudo ha sido lógica, pero el mercado seguirá reaccionando con brusquedad a cualquier titular relacionado con el estrecho, con Líbano o con el cumplimiento real del alto el fuego.
La deuda y el dólar también giran
El cambio de sentimiento se dejó notar también en la renta fija y en el mercado de divisas. La bajada del petróleo redujo de golpe las expectativas de inflación, lo que llevó a un descenso rápido de las rentabilidades de la deuda. El bono español a diez años recortó unos 18 puntos básicos hasta el 3,38%, mientras que el alemán y el estadounidense también registraron caídas intensas.
El dólar, que había actuado como activo refugio durante la crisis, perdió fuerza frente al euro. La moneda única volvió a situarse en torno a los 1,168 dólares, reflejando que la reducción del temor energético también rebaja parte de la demanda defensiva sobre la divisa estadounidense.
Al mismo tiempo, el mercado monetario volvió a abrir la puerta a más recortes de tipos por parte de la Reserva Federal. La caída del petróleo implica menos presión inflacionista y eso reanima la idea de una política monetaria menos restrictiva de aquí a final de año.
Aerolíneas, acerías y bancos lideran las alzas
En la Bolsa española, los valores más beneficiados fueron precisamente los más expuestos al coste de las materias primas y al encarecimiento de la energía. ArcelorMittal se disparó un 12,9%, Acerinox un 7,8% e IAG un 8,5%. También destacó Indra con un 8,1%, mientras que los bancos acompañaron con fuerza el movimiento, con Santander ganando un 7,6%.
En el lado opuesto quedaron las energéticas. Repsol fue el valor más castigado del selectivo con una caída del 5,8%, mientras que Naturgy, Enagás, Solaria y Redeia también cerraron en rojo. La lógica fue directa: lo que alivia a la industria, al consumo y al transporte castiga a quienes se habían beneficiado del repunte del crudo y del gas.
El mercado, por tanto, ha votado alivio. Pero no ha votado paz. La euforia de este miércoles responde al aplazamiento del peor desenlace, no a la certeza de que el conflicto esté resuelto. Y mientras Ormuz siga sin reabrirse plenamente, la volatilidad seguirá teniendo mucho que decir.

