Un debate que avanza con menos foco mediático
Mientras Francia y España protagonizan titulares sobre la sostenibilidad de las pensiones, la reforma parcial del sistema alemán ha pasado más desapercibida. Sin embargo, las medidas impulsadas por el Gobierno de Friedrich Merz pueden generar un impacto fiscal de gran alcance y condicionar los planes para reactivar la economía en medio de una etapa de bajo crecimiento, pérdida industrial y presión competitiva global.
Más gasto asegurado y suspensión del mecanismo de sostenibilidad
El Parlamento alemán debatirá un paquete que garantiza que la pensión media crecerá en línea con los salarios hasta 2031, lo que suspende el mecanismo introducido en 2004 para contener el gasto del sistema público. Además, se mantendrá por ley que la pensión garantice el 48% del salario medio neto. Para financiarlo, la cotización aumentará del 18,6% al 18,8% a partir de 2027, repartida entre empresas y trabajadores.
También se incluye la jubilación activa: quienes sigan trabajando tras cumplir la edad legal podrán ganar hasta 2.000 euros adicionales al mes sin impuestos. Junto a ello, se refuerzan las pensiones de madres que dejaron el empleo antes de 1992. Aunque se trata de mejoras sociales, su coste preocupa a economistas y organismos de control fiscal.
Advertencias por el coste y riesgo para los estímulos económicos
Según estimaciones oficiales, el paquete elevaría el gasto en pensiones un 0,2% del PIB en 2028 y un 0,4% en 2035. Capital Economics señala que el retroceso alemán en reformas es incluso más costoso que el caso francés, pese al ruido mediático en torno a París. El temor es que el país utilice margen fiscal destinado a inversión para cubrir el envejecimiento, reduciendo el impacto económico del estímulo previsto.
Analistas destacan que parte del endeudamiento para defensa e infraestructuras podría acabar destinado a consumo público, limitando la capacidad de crecimiento. El Consejo Alemán de Expertos Económicos, el Bundesbank y firmas como Scope Ratings ya avisan: la deuda podría superar el 85% del PIB para 2035, comprometiendo la sostenibilidad presupuestaria a largo plazo.
Un desafío demográfico que acentúa la presión
Alemania ha sufrido crecimiento cero durante cinco años y la pérdida de cientos de miles de empleos industriales, lo que afecta directamente a la recaudación. Al mismo tiempo, se prevé que la población en edad de trabajar caiga un 20% para 2050, mientras aumenta la tasa de dependencia por envejecimiento.
En este contexto, el gasto social se incrementa, la productividad no repunta como se esperaba y persiste la escasez de mano de obra. BCA Research advierte que sin mejoras estructurales profundas, el PIB per cápita seguirá descendiendo.
Riesgo de perder la oportunidad de recuperación
El Gobierno enfrenta una disyuntiva compleja: asegurar pensiones adecuadas o impulsar el crecimiento futuro con inversión. Organismos consultivos insisten en que retrasar reformas de mayor calado sobre pensiones podría erosionar el margen fiscal y reducir la capacidad de Alemania para competir y liderar la transformación industrial europea. El equilibrio será clave para evitar un lastre generacional que puede condicionar la economía durante décadas.

