Una mejora a corto plazo con una desaceleración evidente
La Comisión Europea revisó al alza sus previsiones para España, aumentando en tres décimas el crecimiento del PIB tanto para 2025 como para 2026. Bruselas sitúa la expansión económica en un 2.9% para 2025, un 2.3% para 2026 y un 2% para 2027. Aunque las cifras son positivas, reflejan una senda de desaceleración clara si se compara con el 3.5% registrado en 2024. El Ejecutivo comunitario identifica dos factores decisivos detrás de esta evolución: la inmigración y la tensión creciente del mercado de la vivienda.
Según las proyecciones, los flujos migratorios disminuirán progresivamente, reduciendo también el crecimiento de la fuerza laboral. Esto limitará la creación de empleo pero, al mismo tiempo, acelerará la caída del desempleo debido a una menor cantidad de demandantes en el mercado laboral. Bruselas calcula que el paro caerá por debajo del 10 por ciento ya en 2026, algo que no se veía desde hace más de una década.
La vivienda se convierte en un freno estratégico
La Comisión subraya que el encarecimiento y la escasez de vivienda, especialmente en grandes ciudades, será un factor crítico para la llegada de nuevos migrantes. El diagnóstico es contundente: la fortaleza reciente del crecimiento español se debe en gran parte al aporte de la inmigración y no a mejoras estructurales en productividad. Cuando ese flujo se reduzca, el avance del PIB también lo hará.
Fuentes comunitarias señalan que la falta de vivienda asequible y la limitada oferta urbana pueden convertirse en un obstáculo decisivo. En ciudades donde la presión inmobiliaria es mayor, la atracción de nuevos trabajadores será cada vez más difícil, lo que afectará directamente al dinamismo económico que España ha mostrado en los últimos trimestres.
Comparación europea: España destaca entre potencias debilitadas
A pesar de la desaceleración prevista, España seguirá creciendo por encima de las principales economías del continente. Las estimaciones de Bruselas para Italia, Alemania y Francia reflejan un estancamiento preocupante. Italia no superará el 1 por ciento de crecimiento en ninguno de los años analizados. Alemania apenas alcanzará un 0.2 por ciento en 2025 y un 1.2 por ciento tanto en 2026 como en 2027, mientras que Francia se moverá entre el 0.7 y el 1.1 por ciento.
El contraste sitúa a España en una posición relativamente favorable dentro de una Eurozona afectada por la guerra comercial, la debilidad industrial y el retraso en tecnologías clave. Mientras tanto, Estados Unidos y China avanzan a otro ritmo, aumentando la presión sobre el modelo europeo de bienestar y su competitividad a largo plazo.
Un escenario lleno de incertidumbre y la necesidad de actuar
El comisario de Economía, Valdis Dombrovskis, reconoció que las previsiones están rodeadas de incertidumbre y que el camino que afronta Europa está plagado de riesgos. Aunque Bruselas ha revisado al alza el crecimiento para la Unión Europea y la zona euro, advirtió de que no basta con observar la mejora. “Debemos actuar, y debemos actuar ahora”, expresó durante la presentación del informe, aunque sin aclarar aún la dirección concreta de esas actuaciones.
Lo que sí deja claro la Comisión es que el impulso económico de España sigue firmemente apoyado en la inmigración y no en un salto de productividad. Con la perspectiva de una menor llegada de trabajadores y un mercado inmobiliario cada vez más restrictivo, las bases del crecimiento serán más frágiles en los próximos años.

